Comunicación intrapersonal, base de la existencia en sociedad

Cómo la gestión de nuestra voz más íntima define la calidad del entorno social y los grupos humanos que construimos.

Por Viviana Urrutia, periodista, máster en dirección de comunicación y magíster en gerencia pública

La canción Talk Better de la banda musical Luc & the lovingtons, búsquelos en youtube o spotify, es simple y a la vez, muy poderosa. Alude a la voz interior con la que todos convivimos, que nos halaga y en otras ocasiones, nos pisotea.

Detrás de esa misteriosa e incontrolable voz, que parece un eco interminable, se concentran experiencias, recuerdos de infancia, patrones, temores, valores, prejuicios, etc. Es como si muchas personas habitaran dentro nuestro y nos dieran su veredicto en distintos momentos y especialmente, en los difíciles. Lo temible es cuando nos aconseja mal o llega a maltratarnos abiertamente y la atención que le damos si lo hace.

Es esa dureza más otros factores reinantes, la raíz de la fragilidad de la salud mental. Uno de los problemas mayores de los últimos tiempos y sobre todo en jóvenes. Según mediciones recientes, adolescentes chilenos desde los 15 años pasan 45 horas semanales observando redes sociales, siendo el país latinoamericano con el mayor índice de conectividad juvenil.

 Hace unas décadas la influencia de la televisión y en la actualidad, de las redes sociales, nos muestran un mundo lejano que parece ideal. A algunos más y a otros menos, inevitablemente esas imágenes de realidades perfectas de terceros los hacen caer en comparaciones o aspiraciones difíciles de alcanzar, derivando en frustración y en una autopercepción de insuficiencia. Por esta dinámica, apenas un 23,63% de la población joven cuenta con una autoestima que pueda calificarse como «normal», mientras que 19,90% se ubica en el rango que se categoriza como severamente baja.

Personas de todas las edades y en todos los puntos del planeta, han intentado convertirse en influencers sin resultados. Otros se han sumado a comunidades de estos referentes digitales, siguiendo sus etapas, procesos, participando de vidas ajenas con dedicación, abstrayéndose en gran medida de la propia, que parece carecer de atractivo.

Esta vida paralela que nos otorgan los nuevos medios para comunicarnos, no apaga la voz interior que nos compara con el referente de turno, pero sí nos entretiene demasiado para avanzar como se debiera en nuestros propios desafíos. En especial de conectar con quienes tenemos cerca, en nuestro propio hogar o entorno, sacrificando más de lo que percibimos.

De golpe, como suelen manifestarse las crisis, nos enfrentamos a la realidad, perdiendo simbólica o literalmente a un ser querido u oportunidades, porque dejamos de escuchar nuestros propios consejos y mensajes positivos, dando paso a estos distractores.  

La voz interior es un mecanismo protector que nos alerta, casi siempre exageradamente, de nuestros errores y nos prepara para el peligro. Es una gran aliada a considerar, siendo un indicador clave de nuestro estado emocional y debemos tener conciencia de sintonizarla en modo constructivo para que nos nutra con sabiduría.

La debemos gestionar para que nos aporte y no nos hunda, siendo necesario bajarle el volumen si cae en descalificaciones hacia nosotros mismos o permisividad a nuestro actuar dañino, cuando repetimos patrones que sabemos que hieren a quienes nos rodean.  

Sabiendo manejarla, es la mejor consejera que podemos tener para vivir bien de forma individual y resulta fundamental en nuestro equilibrio personal. Su presencia negativa-cruel o su silencio o permisividad sin autocrítica, tiene directa relación con nuestra forma de convivir con el entorno y lo que, en definitiva, creamos en conjunto.

De esta buena o mala comunicación intrapersonal como punto de partida, dependen familias armoniosas o rotas, organizaciones con un clima laboral sano o nocivo y sociedades equilibradas o enfermas, que deben doparse para resistir. Somos un círculo virtuoso o vicioso. Queramos o no, nos afectan y afectamos. 

Necesitamos ser conscientes de nuestra comunicación intrapersonal para asegurar que sea justa, que nos oriente ante la amenaza externa o la que nosotros mismos nos provocamos al tratarnos con extrema dureza o incesante condescendencia.

Una sana voz interior nos avisará si nos estamos excediendo en nuestro trato hacia el otro, si nos estamos dejando avasallar o si estamos actuando con equilibrio. Si estuvieran saludables las múltiples voces interiores de quienes formamos las organizaciones y en resumen, la sociedad finalmente, tengamos por seguro que este mundo entero sería el paraíso de empatía, solidaridad y cooperación en el que a la mayoría nos encantaría habitar.

No siempre tenemos recursos o disposición para recibir atención en salud mental, pero llevar un pequeño diario para desahogar tus pensamientos y analizarlos neutralmente más tarde, aprender a respirar en calma cuando los impulsos nos desborden o simplemente darse espacio para la atención plena cuando notemos que estamos actuando en piloto automático son simples hábitos que nos ayudarán a tomar conciencia de nosotros mismos de forma responsable, por nosotros y nuestro entorno.

Si tu voz interior te aplaude demasiado o te destroza seguido, ¡cuidado! Recuerda a Luc and the lovingtons y háblate mejor, con honestidad, por el bien tuyo y de todos.

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